Aprendamos generosidad de una viuda pobre

MC 12, 41-44

Jesús se sentó frente a la sala del tesoro del Templo y miraba cómo la gente depositaba su limosna. Muchos ricos daban en abundancia. Llegó una viuda de condición humilde y colocó dos pequeñas monedas de cobre. Entonces él llamó a sus discípulos y les dijo:

«Les aseguro que esta pobre viuda ha puesto más que cualquiera de los otros, porque todos han dado de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dió todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir».

Jesús aprovechaba las distintas situaciones cotidianas para enseñar con gran sabiduría; y hoy nos llama también a nosotros como lo hizo con sus discípulos. Estos versículos ... ¡uff! a mí me dejan pensando demasiado, pues al mirar atrás, me doy cuenta que no he sido suficientemente generoso y misericordioso. Ahora quiero compartir contigo tres reflexiones que me vienen y que nos ayudan a crecer en lo espiritual y en lo financiero.

Las personas pobres son grandes personas

Si alguna vez has participado en una misión, ya sea visitando una comunidad necesitada, un ancianato, un hospital o cualquiera - no me dejarás mentir, uno va con la idea de que va a ayudar y terminas dándote cuenta que te han dado más de lo que tu has logrado llevar - en enseñanzas, en sonrisas, en gratitud, en cariño y tantas cosas.

Y es que en la vida, sólo en la dificultad es cuando verdaderamente crecemos. Muchos 'gurús' le llaman salir del área de confort. Sin retos, no hay esfuerzo y sin esfuerzo, no hay logros. Las personas pobres enfrentan cotidianamente muchos retos, no sólo en lo económico sino en todo lo que ello acarrea - en las relaciones familiares, sus entornos, etc. Por ello, los pobres suelen ser más emprendedores, más creativos y recursivos que los ricos o la clase media. Ellos no se detienen a hacer tantos planes, ejecutan.

Jesús nunca vió a las personas pobres con lástima, pues eso implica una sensación de superioridad. Jesús los veía con respeto y valoraba su condición humana.

Debemos por tanto, cultivar la humildad. Darnos cuenta que no importan los privilegios, los dones o bendiciones que hayas recibido; eso no te hace superior al prójimo. Darnos cuenta que no lo sabemos todo. Que todos somos distintos, y siempre podemos aprender del otro, sin importar su condición.

Discurso de entrega del premio Nobel de la Paz 1979

"Las personas pobres son grandes personas. Ellos nos pueden enseñar tantas cosas hermosas."

Madre Teresa de Calcuta

Dios ve la rectitud de intención, no la cantidad

La viuda pobre no tenía mucho que ofrecer, pero quiso dar sus dos monedas al templo. Aunque era poco para el templo, era mucho para ella. Jesús se fijó en su gesto y valoró la sinceridad de su corazón. Lo que importaba no era la cantidad, sino el amor con que lo daba. La viuda pobre lo dio todo, sin guardar nada para sí.

Así es como Dios quiere que seamos, que demos con amor según nuestra propia capacidad. Ahora, no me vayan a salir con que siendo ricos, sólo dan dos moneditas con mucho amor porque la cantidad no importa!! Recuerda que al que más se le ha dado, más se le exigirá. Y esto aplica no sólo con el dinero, sino también con el tiempo y los talentos que tenemos.

Cuántas veces dejamos de dar una moneda a quien la pide en la calle, de hacer una buena obra por considerarla poca cosa, de entregar ese buen consejo por el qué dirán. La viuda pobre no dió por obligación o por apariencia, sino por gratitud y por fe.

Como dijo Santa Teresa de Calcuta, "no es tanto cuánto hacemos, sino cuánto amor ponemos en las cosas que hacemos". En este caso, no es cuánto damos, sino con cuánto amor donamos. (véase Inspiración en Santa Teresa de Calcuta para una mejor salud financiera).

"Sentimos que lo que hacemos es sólo una gota en el océano.

Pero sin esa gota en el océano, creo que el océano sería menos debido a esa gota que falta"

Madre Teresa de Calcuta

Ejemplo de confianza total en Dios de la viuda pobre

¿Crees que a la viuda pobre le preocupaba con qué iba a comer ese día, si había dado las últimas monedas que tenía? Yo creo que no. Ni siquiera lo pensó. Nos dió un ejemplo de confianza total en Dios, que sabe proveer a sus hijos de lo necesario.

La viuda pobre no solo dió lo que tenía, sino que lo hizo con amor y con gratitud. No se dejó llevar por el miedo o la ansiedad, sino que confió en que Dios la cuidaría. Su actitud nos muestra que la verdadera riqueza no está en lo material, sino en el corazón.

La viuda pobre tenía un corazón generoso, humilde y fiel, que agradaba a Dios más que las grandes ofrendas de los ricos. Por eso, Jesús la alabó y la puso como modelo para sus discípulos.

Nosotros también podemos aprender de ella a confiar en Dios y a darle lo mejor de nosotros, sin importar nuestra situación económica o personal. Dios no nos abandona nunca, sino que nos ama y nos provee de todo lo que necesitamos para vivir con dignidad y con alegría.

Con Dios en tu corazón y

dinero en tu cartera.

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